El Palacio

   El Palacio del Marqués de Cerverales es el edificio civil más importante de la ciudad de Estepa. Fue finalizado en 1756 por el vicario don Manuel Bejarano y Fonseca quien lo legó a su sobrino don Manuel Díaz Fonseca, primer marqués de Cerverales. El Palacio sigue siendo residencia de los descendientes de este marquesado y se encuentra en un inmejorable estado de conservación.

   Antes de comenzar con la descripción es preciso señalar una singularidad de esta casa. El palacio se comunica con la contigua iglesia de la Asunción a través de un balcón guardado con celosía. Tiene una capilla privada que es un claro exponente del barroco religioso andaluz donde se hallan enterrados cuatro miembros de la familia; queda separada del resto de la iglesia mediante la cancela.

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   La fachada es de lámina de piedra de dos plantas, por las que entronca con el estilo ubetense. En el cuerpo inferior se abren cuatro vanos que llegan a ras de tierra, flaqueadas por pilastras que sostienen una cornisa donde descansan los cuatro vanos superiores, formando una estructura geométrica casi neoclásica.

   Los ventanales superiores se coronan con frontones partidos, en cuyo vértice abierto se aloja una especie de linternuela de piedra. La fachada se remata con una cornisa sencilla y no muy pronunciada, que se interrumpe en el centro por una figura alegórica que corona la portada.

   Esta ocupa las dos plantas y llega a sobresalir de la fachada del edificio por la mencionada imagen superior. En su parte inferior, está enmarcada por columnas salomónicas exentas que soportan unos capitales genuinamente barrocos. En el centro, se abre un balcón, en cuyo voladizo se labran tres sirenas como si lo soportasen.

   El patio cuenta con fuente central y doble arcada de medio punto, cuya galería inferior está sostenida por fustes de piedras con capiteles toscanos, mientras que la superior está cegada y convierte a las columnas en pilastras. En medio de la antigua curva del arco, se abren unos sencillos vanos a modo de balcones para iluminar el corredor o la antigua galería.

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 Es interesante la losería del patio, donde en cada esquina se encuentra labrada la flor de Lis, como muestra de reconocimiento y adhesión de los dueños a la nueva dinastía borbónica, que les concedió el marquesado.